martes, 21 de abril de 2026

Siembra de pejerreyes Canteras abandonadas Estudian sus características para evaluar su posible aprovechamiento

 

 Las canteras tienen agua más quieta que una laguna, lo que implica menos disponibilidad de zooplancton. Foto: gentileza investigadores.

Canteras abandonadas Estudian sus características para evaluar su posible aprovechamiento para la siembra de pejerreyes

En el marco de este proyecto impulsado por científicos del CONICET, se analizarán en principio 20 cavas distribuidas por todo el territorio provincial. 

Además de utilizarse para la cría de peces, podrían ser revalorizadas en el marco de iniciativas sociales, educativas y de ecoturismo.

Un equipo de investigación del Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) avanza en el estudio de cavas o canteras abandonadas e inundadas ubicadas en el territorio bonaerense con la finalidad de evaluar la capacidad que tienen esos espacios de ser reutilizados en el marco de distintas estrategias como la cría de pejerrey o la puesta en marcha de iniciativas de socio-ecoturismo

El proyecto apunta al análisis de las características de las cavas, como su profundidad, la forma y relieve de su lecho, la calidad del agua y otros parámetros físicos y biológicos para determinar cuán viable es la puesta en marcha de las diversas alternativas de aprovechamiento previstas.

El proyecto une dos caminos: por un lado, la vasta trayectoria del ILPLA en iniciativas de acuicultura ecológica, un paradigma que apunta a optimizar la reproducción de peces de manera sustentable sin impactar negativamente en los ecosistemas acuáticos, en el marco del cual ya se han repoblado de pejerreyes numerosas lagunas de la cuenca del Salado; y, por otro, el interés del gobierno provincial y los municipios acerca del uso que las sociedades locales hacen de las canteras y los riesgos que eso trae asociados. 

“Son ambientes acuáticos artificiales que surgen a partir de la actividad humana, en particular de la minería. 

Cuando termina la explotación de las canteras, es decir la extracción de los materiales que albergan, quedan esas grandes aperturas en el terreno que, tanto por precipitaciones como por la acción del agua subterránea, se inundan. 

Se trata de espacios con los que las personas de las comunidades que los rodean comienzan a interactuar. 

La gente va a bañarse, a pescar, a observar aves. 

Se da un vínculo que, si no está regulado u organizado, puede ser peligroso, y de ahí la atención que se le presta desde la provincia para regular ese uso y evaluar alternativas posibles”, comenta Javier Garcia de Souza, investigador del CONICET en el ILPLA.

Darío Colautti, Javier Garcia de Souza y Ailén Solanas. Foto: CONICET Fotografía/R. Baridón.

Una de las posibilidades para el aprovechamiento de estas canteras es la siembra de pejerreyes. 

A fines de los años ’90, el ILPLA impulsó un novedoso método de cría de esa especie autóctona en lagunas pampeanas, que consiste en la colocación de jaulas flotantes provistas de una bolsa de red fina en la que se alojan miles de larvas. 

La red protege a los ejemplares de la agresión por parte de otros peces, pero permite el intercambio del agua y la entrada de zooplancton, su principal alimento. 

Al cabo de un proceso de alrededor de cuatro meses, se obtienen grandes cantidades de alevinos o juveniles que son liberados en el ambiente. 

Llevar adelante ese método en canteras implica un estudio pormenorizado acerca de las características de esos espacios acuáticos, no solo de su forma y estructura sino también de los microorganismos que los habitan, ya que pueden diferir ostensiblemente de las que presentan las lagunas. 

“En primer lugar, las dimensiones son muy distintas. 

La laguna de Chascomús, por ejemplo, ronda las 3 mil hectáreas de superficie, mientras que una de las cavas en las que estamos trabajando, ubicada en la localidad de Samborombón, tiene 7 hectáreas. 

Son escalas claramente distintas. 

También es muy diferente la actividad del agua. 

A diferencia de las lagunas, las canteras no tienen aportes tributarios, como puede ser el curso de un arroyo. 

Es agua más quieta. 

Además, al ser excavaciones profundas hechas por máquinas, presentan paredes que en general están orientadas a 90 grados, lo que les da más reparo, haciendo que no tenga tanta incidencia el viento. 

Las lagunas, en cambio, son ambientes abiertos y muy sujetos a las condiciones climáticas”, grafica Darío Colautti, investigador del CONICET y director del ILPLA.

En el marco del proyecto se estudiará la calidad del agua y otros parámetros físicos y biológicos. Foto: CONICET Fotografía/R. Baridón.

“Cada tipo de ambiente supone restricciones y posibilidades para realizar acuicultura”, destaca de Souza, y desarrolla: 

“Aparentemente, las cavas ofrecen buenas oportunidades para la cría de peces, justamente porque al ser espacios más chicos y estar menos expuestos a las inclemencias, se puede realizar el procedimiento de una manera más controlada. 

Que no tengan aportes tributarios significa que pueden tener agua de buena calidad, porque no arrastran contaminantes y se reduce la posibilidad de que haya especies que llegan a competir por el ambiente. 

En contrapartida, esa característica de tener agua más quieta, implica menos disponibilidad de zooplancton, porque es la actividad del viento la que mueve el agua y la hace circular. 

En las lagunas pampeanas, hay una mezcla permanente que hace que la producción primaria generalmente sea altísima”. 

En ese sentido, Colautti apunta que “el desafío es adaptar el método de tal forma que nos permita aprovechar las virtudes de las cavas sustituyendo las condiciones que son favorables en las lagunas pero que en estos ambientes no están presentes”.

En principio, el proyecto, que tiene como como punto de partida un acuerdo establecido con laSubsecretaría de Minería de la Provincia de Buenos Aires, apunta a analizar 20 de las cerca de 300 canteras cubiertas de agua que tiene la provincia de Buenos Aires que fueron previamente seleccionadas por Minería. 

“De las que ya estuvimos relevando, la mayoría se utilizó para la extracción de tosca y conchilla”, comenta Ailén Solanas, becaria del CONICET en el ILPLA y parte del equipo de trabajo. 

“Todavía no podemos decir que hay un patrón o una regla general para todas las canteras, ni por la zona en la que se ubican ni por el material que se extrajo de ellas. 

Las características son muy variables. 

Una vez que tengamos el análisis hecho podremos decir cuáles son aptas para la cría de peces y cuáles no. 

En las que no cumplan con las condiciones para ello, por ejemplo, por ser muy poco profundas, de todos modos, se pueden implementar actividades de socio-ecoturismo, ubicación de cartelería o senderos ambientales interpretativos. 

Es decir, intervenir sobre el ambiente de una manera más integral para generar nuevos atractivos para cada región”, apunta.

La red protege a los ejemplares de la agresión por parte de otros peces, pero permite el intercambio del agua y la entrada de zooplancton. Foto: gentileza investigadores.

En esta etapa del trabajo, el equipo se encuentra realizando diversas campañas de muestreo en canteras de Samborombón, Florencio Varela y el Gran La Plata, mayormente asociadas a la extracción de materiales para la construcción. 

Cada recorrida implica la toma de muestras de agua y de microorganismos que las habitan, además del análisis de la estructura y el relieve del fondo de las cavas. 

Para esta última tarea, el grupo utiliza ecosondas, instrumentos que emiten señales o pulsos acústicos que rebotan en el fondo y cuyo eco es captado por un receptor en la superficie. 

La interpretación de los datos que arroja ese procedimiento permite confeccionar una representación gráfica tridimensional de la topografía de esos ambientes.

Sobre la celebración del convenio, de Souza destaca que fue un hito clave, tanto por las posibilidades logísticas que permite, facilitando el acceso a las cavas para realizar las campañas de muestreo, como así también por el financiamiento que ofrece. 

“Gracias a este acuerdo vamos a poder conocer ambientes de los que hasta ahora no se tiene información precisa, vincularnos con municipios y otros actores de la sociedad, y, fundamentalmente, trabajar en articulación con expertos de otras disciplinas, a partir de este enfoque integral que nos propone Minería”, concluye.

El equipo utiliza ecosondas que arrojan datos que permiten confeccionar una representación gráfica tridimensional de la topografía de las canteras. Foto: gentileza investigadores.

La provincia de Buenos Aires cuenta con una importante actividad minera, concentrada fundamentalmente en los sistemas serranos de Tandilia y Ventania, donde se encuentran los principales yacimientos de piedra partida, caliza y dolomita; arcilla y arena, todos productos esenciales para la industria cerámica y la construcción, tanto a nivel particular como de grandes caminos y obras hidráulicas.

Es de destacar que la actividad minera en la provincia es no metalífera

La extracción de minerales metalíferos tiene un impacto mayor sobre el ambiente. 

Si bien estos minerales, como el oro o el cobre, están presentes en el subsuelo bonaerense, la legislación vigente impide su explotación comercial a gran escala.

Por Marcelo Gisande

CONICET

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lunes, 5 de enero de 2026

La boga una especie clave para el desarrollo acuícola nacional

  

La boga, una especie clave para el desarrollo acuícola nacional

Un equipo de investigación del INTA y del CONICET demostró la viabilidad del cultivo de boga en sistemas intensivos con recirculación. 

Se trata de una alternativa productiva de alto impacto económico que permite obtener carne de pescado nativo de calidad sin afectar las poblaciones naturales.

El desarrollo de la acuicultura en Santa Fe suma una nueva alternativa: la boga (Megaleporinus obtusidens). 

Se trata de una especie nativa de los ríos del Litoral argentino, con gran aceptación en el mercado y excelente calidad nutricional, que según ensayos del INTA, tiene altos rendimientos económicos y productivos, al tiempo que se adapta a sistemas intensivos con recirculación de agua (RAS).

Según explicó Ariel Belavi -referente de acuicultura del INTA-, “el cultivo de boga puede alcanzar rendimientos superiores a 90.000 kilos por hectárea”. 

Además, confirmó la adaptabilidad de la especie a sistemas intensivos con recirculación de agua (RAS), posicionándola como una alternativa productiva para la región de alto impacto.

En esta línea, Pablo Collins -investigador del CONICET- detalló que “el sistema de recirculación permite mantener condiciones óptimas de calidad de agua, aprovechar mejor los recursos, y reducir los impactos ambientales y costos. 

Los resultados demuestran que es posible producir pescado nativo de excelente calidad con tecnologías accesibles y sostenibles”.

El equipo técnico del INTA y CONICET evaluó la adaptación de la boga a condiciones de temperatura y calidad de agua controlada de cultivo en tanques circulares con sistema de recirculación. 

“Durante seis meses seguimos el crecimiento de ejemplares juveniles y medimos parámetros físicos, químicos y biológicos, comprobando una excelente respuesta de crecimiento a temperaturas bajas y crecimiento exponencial a temperaturas mayores a los 20°C”, detalló Belavi.

Los resultados mostraron una relación directa entre la temperatura y el aumento de talla y biomasa, alcanzando valores de hasta 31,8 centímetros y 568 gramos en la experiencia, con proyección a tamaño comercial (35–40 cm y 900–1000 g) en 10 a 12 meses de cultivo. 

De este modo, una unidad de producción de 50 M3 puede generar hasta 450 kilos de pescado por ciclo, con rendimientos extrapolables a 90 toneladas por hectárea al año.

“El sistema RAS utilizado en los ensayos permite mantener condiciones estables de agua, eliminar efluentes y garantizar un aprovechamiento sustentable, adaptándose tanto a pequeñas unidades familiares como a emprendimientos comerciales”, explicó Belavi.

Se trata de un sistema de cultivo que amplía la producción acuícola nacional, pudiendo implementarse en diversas regiones. 

Al aire libre en Corrientes, Misiones, Formosa, Santiago del Estero, norte de Santa Fe y este de Salta

Y bajo cubierta plástica sin calefacción en todo lugar donde la temperatura media del aire este por encima de los 9° en el mes de julio, como Norte de Buenos Aires, centro y sur de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, este de La Rioja y sureste de Catamarca.

La boga, una especie de oportunidades

Originario de las cuencas del Paraná y otros ríos sudamericanos, la boga es una especie muy valorada en el mercado por su carne suave, firme y de alto contenido proteico. 

Su alimentación omnívora, bajo requerimiento proteico y buena tolerancia térmica la convierten en una especie ideal para el cultivo en sistemas intensivos.

Así, el cultivo de boga combina identidad local, diversificación productiva, generación de empleo, sustentabilidad y rentabilidad: una ecuación clave que abre nuevas oportunidades para el crecimiento del sector acuícola nacional.

En la actualidad, la especie es obtenida principalmente por pesca extractiva, por lo que su cultivo representa una alternativa clave para reducir la presión sobre los ambientes naturales y asegurar una oferta estable para el consumo interno y la exportación.

INTA

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