lunes, 5 de enero de 2026

La boga una especie clave para el desarrollo acuícola nacional

  

La boga, una especie clave para el desarrollo acuícola nacional

Un equipo de investigación del INTA y del CONICET demostró la viabilidad del cultivo de boga en sistemas intensivos con recirculación. 

Se trata de una alternativa productiva de alto impacto económico que permite obtener carne de pescado nativo de calidad sin afectar las poblaciones naturales.

El desarrollo de la acuicultura en Santa Fe suma una nueva alternativa: la boga (Megaleporinus obtusidens). 

Se trata de una especie nativa de los ríos del Litoral argentino, con gran aceptación en el mercado y excelente calidad nutricional, que según ensayos del INTA, tiene altos rendimientos económicos y productivos, al tiempo que se adapta a sistemas intensivos con recirculación de agua (RAS).

Según explicó Ariel Belavi -referente de acuicultura del INTA-, “el cultivo de boga puede alcanzar rendimientos superiores a 90.000 kilos por hectárea”. 

Además, confirmó la adaptabilidad de la especie a sistemas intensivos con recirculación de agua (RAS), posicionándola como una alternativa productiva para la región de alto impacto.

En esta línea, Pablo Collins -investigador del CONICET- detalló que “el sistema de recirculación permite mantener condiciones óptimas de calidad de agua, aprovechar mejor los recursos, y reducir los impactos ambientales y costos. 

Los resultados demuestran que es posible producir pescado nativo de excelente calidad con tecnologías accesibles y sostenibles”.

El equipo técnico del INTA y CONICET evaluó la adaptación de la boga a condiciones de temperatura y calidad de agua controlada de cultivo en tanques circulares con sistema de recirculación. 

“Durante seis meses seguimos el crecimiento de ejemplares juveniles y medimos parámetros físicos, químicos y biológicos, comprobando una excelente respuesta de crecimiento a temperaturas bajas y crecimiento exponencial a temperaturas mayores a los 20°C”, detalló Belavi.

Los resultados mostraron una relación directa entre la temperatura y el aumento de talla y biomasa, alcanzando valores de hasta 31,8 centímetros y 568 gramos en la experiencia, con proyección a tamaño comercial (35–40 cm y 900–1000 g) en 10 a 12 meses de cultivo. 

De este modo, una unidad de producción de 50 M3 puede generar hasta 450 kilos de pescado por ciclo, con rendimientos extrapolables a 90 toneladas por hectárea al año.

“El sistema RAS utilizado en los ensayos permite mantener condiciones estables de agua, eliminar efluentes y garantizar un aprovechamiento sustentable, adaptándose tanto a pequeñas unidades familiares como a emprendimientos comerciales”, explicó Belavi.

Se trata de un sistema de cultivo que amplía la producción acuícola nacional, pudiendo implementarse en diversas regiones. 

Al aire libre en Corrientes, Misiones, Formosa, Santiago del Estero, norte de Santa Fe y este de Salta

Y bajo cubierta plástica sin calefacción en todo lugar donde la temperatura media del aire este por encima de los 9° en el mes de julio, como Norte de Buenos Aires, centro y sur de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, este de La Rioja y sureste de Catamarca.

La boga, una especie de oportunidades

Originario de las cuencas del Paraná y otros ríos sudamericanos, la boga es una especie muy valorada en el mercado por su carne suave, firme y de alto contenido proteico. 

Su alimentación omnívora, bajo requerimiento proteico y buena tolerancia térmica la convierten en una especie ideal para el cultivo en sistemas intensivos.

Así, el cultivo de boga combina identidad local, diversificación productiva, generación de empleo, sustentabilidad y rentabilidad: una ecuación clave que abre nuevas oportunidades para el crecimiento del sector acuícola nacional.

En la actualidad, la especie es obtenida principalmente por pesca extractiva, por lo que su cultivo representa una alternativa clave para reducir la presión sobre los ambientes naturales y asegurar una oferta estable para el consumo interno y la exportación.

INTA

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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Acuaponía en las cárceles El proyecto que combina producción con reinserción laboral

  

Acuaponía en las cárceles El proyecto que combina producción con reinserción laboral

En la Unidad Penitenciaria 17 de Candelaria —Misiones— se puso en marcha un módulo piloto de acuaponía, que combina la cría de peces y la producción hortícola. 

La iniciativa busca formar oficios, promover el autoabastecimiento y fortalecer procesos de inclusión en unidades penitenciarias. 

Es un proyecto interinstitucional impulsado por la Secretaría de Agricultura junto al Ente de Cooperación Penitenciaria y al INTA.

La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación trabaja en un proyecto piloto de acuaponía en la Unidad Penitenciaria 17 de Candelaria, Misiones, en el marco del convenio de colaboración que mantiene con el Ente de Cooperación Penitenciaria (ENCOPE), el Ministerio de Seguridad de la Nación y el INTA.

La propuesta, que cuenta con la participación de equipos técnicos del INTA, busca capacitar tanto al personal penitenciario como a internos que transitan procesos de reinserción social, a través de un modelo productivo que combina la cría de peces y el cultivo de hortalizas bajo un mismo sistema.

En una primera etapa, se instaló un módulo de acuaponía basado en la producción de tilapia, un pez de agua dulce que se adapta con facilidad a distintos microclimas y ofrece buenas condiciones de viabilidad para proyectos de economía circular. 

El esquema productivo aprovecha los desechos de los peces, que tras un proceso de filtrado se convierten en nutrientes para las plantas —como lechuga, tomate Cherry y rúcula— del sistema, generando un circuito cerrado que maximiza recursos y reduce residuos.

“El módulo acuapónico instalado en La Candelaria es compacto, de bajo mantenimiento y fácil manejo”, indicó Ariel Belavi —especialista en acuicultura del INTA—, y detalló: 

“En apenas un metro cuadrado de superficie y un metro cúbico de agua, se pueden producir hasta 25 kilos de peces y 40 kilos de hortalizas al año. 

No requieren control de malezas, ni riego diario y funciona con materiales reciclados, lo que los hace accesibles y sustentables”.

Este sistema une dos tecnologías intensivas: la acuicultura de recirculación (RAS, por sus siglas en inglés) y la hidroponía. 

En el RAS, los peces se crían en alta densidad dentro de un circuito cerrado de agua que pasa por un biofiltro, donde habitan bacterias nitrificantes. 

Estas bacterias —Nitrosomonas y Nitrobacter— transforman el amonio (tóxico para los peces) en nitratos, una forma de nitrógeno que no solo es inocua para ellos, sino que además sirve de nutriente para las plantas.

Asimismo, Belavi subrayó que, en el marco del trabajo con el sistema penitenciario, esta tecnología ofrece múltiples beneficios. 

“Permite la autoproducción de alimentos frescos y proteínas para abastecer los comedores internos. 

Y, además, brinda capacitación y formación laboral a las personas privadas de la libertad, quienes aprenden a construir, mantener y replicar los módulos acuapónicos”, detalló.

Por su parte, Eduardo Terrado, director de Producción Porcina de la Secretaría de Agricultura, señaló que la iniciativa se inscribe dentro de las múltiples actividades formativas que se desarrollan en las granjas de unidades penitenciarias federales, con el objetivo de fortalecer oficios que contribuyan al autoabastecimiento de la población de las unidades penitenciarias a la vez que se transfieren conocimientos a los internos, otorgándoles una herramienta más en su camino a la reinserción social.

En este sentido, Terrado puntualizó que la articulación entre organismos nacionales promueve la innovación productiva, la capacitación técnica, herramientas de trabajo y autoabastecimiento mediante sistemas productivos circulares.

El plan contempla replicar la experiencia en otras granjas del programa ENCOPE, incorporando la acuaponía como un nuevo eje productivo dentro del esquema ya vigente, con potencial para abastecer parte de la demanda alimentaria de las propias instituciones.

INTA.

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viernes, 29 de agosto de 2025

1° cultivo de mejillones a escala industrial Especialistas del CONICET analizan el canal Beagle

 

Primera producción mitícola a escala industrial del país, en el canal Beagle. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).

Especialistas del CONICET analizan el canal Beagle para el primer cultivo de mejillones a escala industrial

Los investigadores llevan adelante un servicio de prospección en el ambiente marino cercano a Puerto Almanza en Tierra del Fuego.

Un equipo de especialistas que se desempeña en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET) de la ciudad de Ushuaia, liderado por la científica del Consejo Irene Schloss, experta en oceanografía biológica, estudia las condiciones ambientales donde se produce el cultivo natural de mejillones y otras zonas de potencial desarrollo de esta incipiente industria. 

La especie cultivada es autóctona del canal Beagle y ofrece un gran potencial en la producción acuícola para la región.

La iniciativa se desarrolla en el marco de un Servicio Tecnológico de Alto Nivel (STAN) solicitado por la empresa Newsan Food, que desde hace quince años se dedica a la producción pesquera en la provincia de Tierra del Fuego y en los últimos cinco años comenzó con la industria acuícola orientada al abastecimiento del mercado interno en un proyecto de desarrollo sustentable.

“Los mejillones son organismos marinos sensibles que requieren condiciones ambientales óptimas para crecer y prosperar. 

Por lo tanto, comprender y evaluar el entorno en el que se planea realizar su cultivo es fundamental para el éxito a largo plazo de la actividad productiva”, señala Schloss. 

Sistema de bateas, boyas y longlines (cuerdas), característicos en la mitilicultura. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).

El estudio se realiza a través de la medición y análisis de variables ambientales y biológicas clave, como la temperatura del agua, salinidad, concentración de oxígeno, de amonio, de clorofila y presencia y caracterización del fitoplancton, que constituye el alimento de los mejillones, con énfasis en la presencia de especies productoras de toxinas (marea roja) para determinar condiciones que puedan ser favorables para el cultivo de estos organismos.

Al respecto, Schloss considera que “estudiar el ambiente marino del canal Beagle es importante por muchas razones, pero además es bueno ver que esos estudios puedan tener un impacto real en las actividades productivas de la región más austral del continente”. 

La bióloga destaca las capacidades técnicas y científicas para generar información útil tanto para el sector público como para las empresas: 

“Cuando se trabaja en conjunto, todos ganamos, se toman mejores decisiones y la ciencia vuelve a la sociedad de manera concreta”, señala.

Becarias integrantes del equipo que realiza el estudio en cercanías de Almanza, colectan las muestras de agua del canal Beagle para su posterior análisis en laboratorio. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).

Como plataforma de navegación se utiliza el Buque de Investigación Científica (BIC) Shenu, una de las embarcaciones que integra la flota del CONICET que, con una periodicidad mensual, releva el hábitat marino en cinco estaciones costeras en un sector del canal Beagle comprendido entre Puerto Almanza hasta el este de la isla Gable, frente a la localidad de Puerto Williams (Chile). 

El proyecto está diseñado en un plazo total de doce campañas, que culminarán en el mes de octubre.

El Shenu está provisto de todo el instrumental que se requiere técnicamente: un instrumento de registro multiparamétrico, preprogramable y autónomo (CTD, sensor PAR, sensor de clorofila) e infraestructura para el almacenamiento de las diferentes muestras de agua tomadas con botellas Niskin entre los 5 y 8 metros de profundidad. 

Una parte de las muestras son fijadas (preprocesadas) en la propia embarcación, y luego todas son analizadas mediante diferentes procesos en los laboratorios de CADIC.

Por su parte, Fabio Delamata, gerente de Newsan Food, destaca que “el objetivo de la empresa es realizar un estudio del ambiente marino para consolidar la creación de un polo de desarrollo acuícola, con base sostenible, cuidado del medio ambiente y proyección industrial. 

Trabajar junto al CONICET es ir acompañando trabajo con datos e información, para así llegar a un resultado sólido, certero y a largo plazo”.

Las muestras de agua se toman con botellas Niskin que la capturan a profundidades programables. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).

Los resultados proyectan oportunidades económicas para la comunidad local mediante la generación de empleo, fortaleciendo la conciencia ambiental, como una alternativa para la diversificación de la matriz productiva y promoviendo la sostenibilidad del desarrollo mitícola en Almanza.

Por Facundo Sota – Comunicación CADIC

CONICET

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miércoles, 28 de mayo de 2025

Peces nativos para controlar mosquitos en ambientes urbanos

 

Utilizan peces nativos para controlar mosquitos en ambientes urbanos

Un equipo de investigación del INTA y el CONICET impulsa una estrategia innovadora para el control biológico de mosquitos a partir del uso de la chanchita (Australoheros facetus), un pez nativo de la Cuenca del Plata que consume grandes cantidades de larvas y pupas. 

Con resultados prometedores, esta alternativa busca reducir el uso de químicos y proteger los ecosistemas en zonas urbanas y periurbanas.

Con el objetivo de reducir la presencia de mosquitos y los riesgos asociados a enfermedades como dengueZika y chikungña, especialistas del INTA y del CONICET desarrollan una estrategia innovadora de control biológico basada en el uso de peces nativos. 

Entre ellos, se destaca la chanchita (Australoheros facetus), un pez omnívoro que habita lagunas, estanques y arroyos de aguas calmas.

“Un ejemplar adulto puede consumir más de 500 larvas de mosquito por día”, destacó Ariel Belavi, referente nacional en acuicultura del INTA. 

“La chanchita es resistente, fácil de reproducir, se adapta bien a distintos ambientes y actúa como un eficaz enemigo natural de los mosquitos en su fase acuática.”

La experiencia forma parte de una línea de trabajo que lleva adelante el INTA Ángel Gallardo, en Santa Fe, junto con investigadores del CONICET

El proyecto combina producción acuícola con manejo ambiental y salud pública, y busca ofrecer una alternativa de bajo impacto ambiental frente al uso de insecticidas químicos.

“Desde el INTA evaluamos distintos aspectos productivos de la especie: tasas de crecimiento, resistencia a condiciones adversas, reproducción en cautiverio y capacidad de consumo de larvas”, explicó Belavi. 

“Esto nos permitió escalar su cultivo y comenzar a distribuir ejemplares en cuerpos de agua urbanos”.

Durante 2024, se sembraron más de 3.500 chanchitas en 26 ambientes acuáticos de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. 

La iniciativa alcanzó barrios de la ciudad de Santa Fe, espacios públicos gestionados por el municipio y localidades como Marcos Juárez y Vila.

El especialista explicó que el pez actúa principalmente en reservorios, estanques y lagunas de poca profundidad, donde nada activamente en busca de alimento entre la vegetación. 

“Su dieta omnívora y su comportamiento activo lo convierten en un aliado estratégico para reducir las poblaciones de mosquitos, en especial de los géneros Aedes, Culex y Anopheles, todos ellos con potencial vector de enfermedades”, puntualizó.

“El interés que despertó esta iniciativa en municipios y comunas demuestra que hay una fuerte demanda de herramientas sustentables y basadas en ciencia pública”, sostuvo Belavi.

Esta línea de trabajo se suma a otras investigaciones del INTA en control biológico, entre ellas las que evalúan el uso de camarones de agua dulce como Macrobrachium borellieleli y Palaemon argentinus, también enemigos naturales de larvas y pupas.

INTA

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jueves, 1 de mayo de 2025

Antioxidantes a partir del descarte de la producción piscícola

  

Generan antioxidantes a partir del descarte de la producción piscícola

Un equipo de investigación del INTA estudia la generación de antioxidantes naturales a partir un subproducto de la industria piscícola. 

Esta innovación permite valorizar los descartes y generar ingredientes funcionales con potencial aplicación en alimentos, nutracéuticos y suplementos, en reemplazo de los antioxidantes sintéticos.

En la industria piscícola, solo el 40 % del pescado se destina al consumo humano, mientras que el 60 % restante —principalmente cabezas, piel, escamas y vísceras— se considera un subproducto de bajo valor. 

Sin embargo, estos residuos contienen proteínas de alto valor biológico que pueden transformarse en compuestos antioxidantes mediante procesos enzimáticos.

Fernanda Martínez, investigadora del Instituto de Tecnología de Alimentos del Centro de Investigaciones de Agroindustria del INTA Castelar, explicó: 

“Nuestro objetivo es obtener compuestos con capacidad antioxidante a partir de cabezas de tilapia azul (Oreochromis aureus) mediante la aplicación de un proceso simple como es la hidrólisis enzimática”. 

Y agregó: “Actualmente, estamos optimizando las condiciones del proceso para maximizar la capacidad antioxidante de los hidrolizados obtenidos”.

De acuerdo con la investigadora, los antioxidantes naturales tienen un gran potencial para la industria alimentaria, ya que permiten extender la vida útil de los productos sin recurrir a aditivos sintéticos, algunos de los cuales están prohibidos en diversos países debido a sus efectos en la salud. 

Además, estos compuestos pueden aplicarse en alimentos funcionales, suplementos nutricionales e incluso en alimentos balanceados para animales.

Los ejemplares de tilapia utilizados en la investigación fueron suministrados por el Centro de Acuicultura Ángel Gallardo del INTA, que trabaja en el desarrollo de sistemas de producción intensivos y acuapónicos. Ariel Belavi, coordinador del centro, destacó: 

“La tilapia es la segunda especie más cultivada del mundo, con una producción de 7,4 millones de toneladas anuales. 

Su versatilidad y valor nutricional la convierten en una especie clave para la investigación en agregado de valor y producción sostenible”.

Para concluir, Vanina Ambrosi, investigadora del ITA, quien trabaja junto con Martínez y Szerman, afirmó: 

“La valorización de los subproductos de la producción acuícola es un paso clave para el desarrollo de la actividad acuícola y pesquera de nuestro país”.

INTA

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viernes, 6 de diciembre de 2024

Acuaponía Sistema combinado para integrar la producción de peces y vegetales

  

Sistema combinado de acuaponía para integrar la producción de peces y vegetales

Un equipo del INTA Valle Inferior -Río Negro- trabaja con un módulo de acuaponía combinado que integra la producción de peces (carpa común) y vegetales (variedad de ajo Morado INTA), con el objetivo de brindar una alternativa de producción adaptable a diferentes ambientes.

La acuaponía es una alternativa de economía circular que atiende demandas tanto de zonas urbanas como rurales. 

La actividad integra la producción de peces y vegetales. 

Actualmente, la mayoría de las experiencias se realizan con cultivos de verduras de hoja y tilapia. 

Un equipo del INTA Valle Inferior —Río Negro— comenzó a trabajar con un módulo de acuaponía para dar una alternativa de producción adaptable a los ambientes de esta región.

En este caso, la experiencia se desarrolló en un sistema combinado dentro de un invernadero de vidrio que se encuentra en la Estación Experimental Valle Inferior del Río Negro, para lo que se utilizaron la variedad de ajo (Allium sativum) Morado INTA y 19 ejemplares  de peces de carpa común (Cyprinus carpio). 

De esta especie invasora se capturaron ejemplares de diferentes tallas en el río Negro.

Aldo Alarcón —técnico del INTA Valle Inferior— explicó que de esta manera, “se ofrece la posibilidad de incorporar una nueva hortaliza a este sistema, y agregó que “teniendo en cuenta la zona donde se desarrolle la actividad podrá utilizarse como base del sistema la carpa, si es en la zona de los valles del Río Negro, o truchas si los sistemas se instalan en el interior de la provincia de Río Negro, aprovechando así un recurso exótico presente en el lugar”.

Los resultados obtenidos fueron favorables. 

El ajo representa una alternativa de cultivo muy interesante, tanto por el valor unitario de las “cabezas” como por su conservación, ya que brinda la posibilidad de una comercialización pausada o fraccionada, sin la necesidad de vender de manera urgente lo cosechado como suele suceder con otras hortalizas como lechugas o tomates. 

A través de la utilización de la variedad Morado INTA, se demostró que el cultivo de ajo puede ser considerado una alternativa en estos sistemas, no solo por complementar la oferta de hortalizas en la alimentación familiar, sino también por tratarse de un producto con excelentes condiciones comerciales, básicamente buena conservación y generalmente buen precio unitario de cabezas.

“Con esta especie hortícola, nueva en el sistema acuapónico, como el ajo, se pudo observar un pleno crecimiento y desarrollo de las plantas, llegando a cumplir todo su ciclo de cultivo. 

Los resultados de la cosecha de los bulbos alientan a seguir trabajando con la misma para ser incluida entre las especies factibles de realizar en sistemas simples de acuaponía”, destacó Alarcón.

Asimismo, “la utilización de la especie carpa común como soporte nutricional del cultivo, significó un acierto, y acompañó todas las etapas del crecimiento de las plantas, tanto por la simplicidad y seguridad en la recría, como así también por la facilidad y costo del alimento, incluyendo la posibilidad del consumo de carne de pescado”, agregó el técnico.

Aprovechamiento y valorización de la carne de carpa común

La carpa común es un pez de agua dulce con una extraordinaria capacidad de adaptación a las diferentes condiciones del ambiente acuático y tiene presencia en todos los espejos de agua dulce (ríos, lagunas, canales, etc.). 

Esta condición de especie invasora ha hecho que se la considere una verdadera amenaza para los ecosistemas naturales de las especies autóctonas como el pejerrey del río Negro.

Silvana Guerrero —técnica de INTA Valle Inferior— señaló que “debido a su proliferación y hábitos de alimentación, irrumpió en los ambientes acuáticos produciendo disturbios en el sustrato vegetal del fondo poco profundo, que sirve de alimento, refugio y sostén de las ovas de otras especies autóctonas. 

Esta situación puede ser mirada negativamente o puede tener otra mirada: la de considerarlas como un recurso más y comenzar a delinear su aprovechamiento”.

En este sentido, se observa que la utilidad de la carpa común en sistemas de acuaponía puede ser no solamente como suministradores de nutrientes para las plantas del sistema, sino también como un recurso alimenticio, favoreciendo el consumo de carne de pescado.

“Con el objetivo de demostrar el aprovechamiento de la carpa común, como fuente de proteínas y complemento en la alimentación humana y desmitificando su mala reputación social y potenciando las cualidades de su carne, es que se decide comenzar a visualizar su aprovechamiento en la confección de diferentes preparaciones culinarias”, aclaró Guerrero.

En agosto de 2023 se realizó la faena de carpas provenientes del módulo demostrativo que se encuentra instalado en la Estación Experimental Agropecuaria Valle Inferior del INTA. 

En este contexto se determinó el rinde en sus diferentes componentes y la provisión de los ejemplares para la confección de distintas preparaciones.

Guerrero indicó: “Como conclusión podemos decir que, si bien la carpa común fue introducida en los diferentes espejos de agua dulce a lo largo y ancho del país, su presencia cobró una relevancia tan significativa en estos ambientes que difícilmente se consiga erradicarla. 

Pero podemos actuar al respecto comenzando a mirar la especie como un recurso aprovechable”.

Con la acuaponía se demostró que el uso de la carpa en estos sistemas puede significar una alternativa de aprovechamiento. 

Asimismo, con la utilización de estos peces se pueden confeccionar recetas muy apetecibles en base a la carne de carpa provenientes de sistemas productivos eficientes y saludables.

INTA

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miércoles, 25 de septiembre de 2024

Cultivo de peces, mariscos y algas Una actividad con futuro promisorio

 

 Cultivo de peces, mariscos y algas: una actividad con futuro promisorio

Frente a un escenario mundial de fuerte crecimiento en la demanda de productos de origen acuático, la Argentina se enfrenta a una oportunidad comercial. 

Así lo entienden los especialistas del INTA que destacan el potencial de la producción nacional de trucha Arco Iris y pacú, así como mejillón, surubí, dorado, boga, pejerrey, erizos, algas y centollas.

El aporte técnico al sector.

En 2024, por primera vez en la historia, la producción industrial de peces superó la pesca en los mares. 

Así lo aseguró la Organización para la alimentación y la agricultura de Naciones Unidas (FAO, por sus siglas en inglés) en su informe de situación 

“El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2024”.

A su vez, estima que la producción de animales acuáticos aumentará un 10 % para 2032 impulsada por la expansión de la acuicultura continental. 

Frente a este escenario mundial de fuerte crecimiento, resulta clave el acompañamiento técnico del INTA al sector.

Según especificó Ariel Belavi -referente nacional de acuicultura del INTA-, “el contexto mundial es muy beneficioso para la Argentina y abre una oportunidad”. 

En este sentido, explicó que “nuestro país tiene mucho potencial por su amplia variedad de condiciones naturales y la capacidad técnica para dar respuesta a estas demandas”. 

Para el investigador, existe una tendencia de consumo impulsada por la búsqueda de alimentos nutritivos y de calidad, por lo que los productos acuícolas cobran mayor protagonismo.

En esta línea, reconoció que “el potencial cultivo de los próximos años mostrará un crecimiento exponencial en sus valores y volúmenes”. 

Y agregó que “la acuicultura se presenta como una actividad promisoria que permitiría un aumento de la producción de productos de origen acuático”. 

Es que -según reconoció- la pesca extractiva se mantiene constante y con volúmenes máximos debido a las condiciones ambientales aportadas principalmente por el mar argentino.

De acuerdo con el especialista del INTA, en la Argentina, la acuicultura se basa principalmente en dos especies: el pacú en el NEA y la trucha Arco Iris en la Patagonia. 

Esta última representa los mayores volúmenes de producción y tiene una proyección de 6500 toneladas para 2024 y 10 mil toneladas para 2025 dada la cantidad de ejemplares ya sembrados.

Por su parte, la producción de mejillón tiene una proyección de producción para 2025 de 5 mil toneladas, de acuerdo con las semillas sembradas y a los proyectos de inversión. 

A estas tres, le siguen el surubí, dorado, boga, pejerrey, erizos, algas y centollas.

“Dentro de los numerosos desafíos que enfrenta la construcción de la cadena acuícola a escala nacional hay dos más importantes vinculados con el aumento de la producción de exportación y posicionamiento del pacú como una carne de pescado portable, por otro lado, la selección y adaptación de una especie para cultivo consumo y exportación para el país. 

En este sentido, la boga se presenta con una especie apta para consumo de exportación que está haciendo evaluada con muy buenas expectativas”.

La acuicultura en el mundo

Según datos de la FAO, la acuicultura proporcionó el 57 % de los productos de animales acuáticos utilizados para consumo humano en el mundo. 

En otras palabras, la acuicultura proporcionó 11,8 kilos de los 20,7 kilos consumidos a nivel mundial o 57 toneladas por cada 100 toneladas consumidas.

De unas 730 especies cultivadas, 17 especies básicas representan en torno al 60 % de la producción acuícola mundial, mientras que otras especies son importantes a nivel local. 

Al menos 230 países y territorios están involucrados en el comercio internacional. 

Las exportaciones están lideradas por China (12%), Noruega (8%) y Vietnam (6%), que juntos suponen un cuarto de las exportaciones mundiales.

La FAO propone tres objetivos globales: crecimiento sostenible de la acuicultura para satisfacer la creciente demanda de animales acuáticos, gestión eficaz de la pesca para tener poblaciones de peces sanas y garantizar la sostenibilidad de las cadenas de valor de los alimentos acuáticos. 

Los alimentos acuáticos de origen animal representan el 15 % de las proteínas de origen animal consumidas a nivel mundial, aportando también nutrientes esenciales como ácidos grasos omega 3, minerales y vitaminas.

INTA

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