miércoles, 3 de diciembre de 2025

Acuaponía en las cárceles El proyecto que combina producción con reinserción laboral

  

Acuaponía en las cárceles El proyecto que combina producción con reinserción laboral

En la Unidad Penitenciaria 17 de Candelaria —Misiones— se puso en marcha un módulo piloto de acuaponía, que combina la cría de peces y la producción hortícola. 

La iniciativa busca formar oficios, promover el autoabastecimiento y fortalecer procesos de inclusión en unidades penitenciarias. 

Es un proyecto interinstitucional impulsado por la Secretaría de Agricultura junto al Ente de Cooperación Penitenciaria y al INTA.

La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación trabaja en un proyecto piloto de acuaponía en la Unidad Penitenciaria 17 de Candelaria, Misiones, en el marco del convenio de colaboración que mantiene con el Ente de Cooperación Penitenciaria (ENCOPE), el Ministerio de Seguridad de la Nación y el INTA.

La propuesta, que cuenta con la participación de equipos técnicos del INTA, busca capacitar tanto al personal penitenciario como a internos que transitan procesos de reinserción social, a través de un modelo productivo que combina la cría de peces y el cultivo de hortalizas bajo un mismo sistema.

En una primera etapa, se instaló un módulo de acuaponía basado en la producción de tilapia, un pez de agua dulce que se adapta con facilidad a distintos microclimas y ofrece buenas condiciones de viabilidad para proyectos de economía circular. 

El esquema productivo aprovecha los desechos de los peces, que tras un proceso de filtrado se convierten en nutrientes para las plantas —como lechuga, tomate Cherry y rúcula— del sistema, generando un circuito cerrado que maximiza recursos y reduce residuos.

“El módulo acuapónico instalado en La Candelaria es compacto, de bajo mantenimiento y fácil manejo”, indicó Ariel Belavi —especialista en acuicultura del INTA—, y detalló: 

“En apenas un metro cuadrado de superficie y un metro cúbico de agua, se pueden producir hasta 25 kilos de peces y 40 kilos de hortalizas al año. 

No requieren control de malezas, ni riego diario y funciona con materiales reciclados, lo que los hace accesibles y sustentables”.

Este sistema une dos tecnologías intensivas: la acuicultura de recirculación (RAS, por sus siglas en inglés) y la hidroponía. 

En el RAS, los peces se crían en alta densidad dentro de un circuito cerrado de agua que pasa por un biofiltro, donde habitan bacterias nitrificantes. 

Estas bacterias —Nitrosomonas y Nitrobacter— transforman el amonio (tóxico para los peces) en nitratos, una forma de nitrógeno que no solo es inocua para ellos, sino que además sirve de nutriente para las plantas.

Asimismo, Belavi subrayó que, en el marco del trabajo con el sistema penitenciario, esta tecnología ofrece múltiples beneficios. 

“Permite la autoproducción de alimentos frescos y proteínas para abastecer los comedores internos. 

Y, además, brinda capacitación y formación laboral a las personas privadas de la libertad, quienes aprenden a construir, mantener y replicar los módulos acuapónicos”, detalló.

Por su parte, Eduardo Terrado, director de Producción Porcina de la Secretaría de Agricultura, señaló que la iniciativa se inscribe dentro de las múltiples actividades formativas que se desarrollan en las granjas de unidades penitenciarias federales, con el objetivo de fortalecer oficios que contribuyan al autoabastecimiento de la población de las unidades penitenciarias a la vez que se transfieren conocimientos a los internos, otorgándoles una herramienta más en su camino a la reinserción social.

En este sentido, Terrado puntualizó que la articulación entre organismos nacionales promueve la innovación productiva, la capacitación técnica, herramientas de trabajo y autoabastecimiento mediante sistemas productivos circulares.

El plan contempla replicar la experiencia en otras granjas del programa ENCOPE, incorporando la acuaponía como un nuevo eje productivo dentro del esquema ya vigente, con potencial para abastecer parte de la demanda alimentaria de las propias instituciones.

INTA.

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viernes, 29 de agosto de 2025

1° cultivo de mejillones a escala industrial Especialistas del CONICET analizan el canal Beagle

 

Primera producción mitícola a escala industrial del país, en el canal Beagle. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).

Especialistas del CONICET analizan el canal Beagle para el primer cultivo de mejillones a escala industrial

Los investigadores llevan adelante un servicio de prospección en el ambiente marino cercano a Puerto Almanza en Tierra del Fuego.

Un equipo de especialistas que se desempeña en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET) de la ciudad de Ushuaia, liderado por la científica del Consejo Irene Schloss, experta en oceanografía biológica, estudia las condiciones ambientales donde se produce el cultivo natural de mejillones y otras zonas de potencial desarrollo de esta incipiente industria. 

La especie cultivada es autóctona del canal Beagle y ofrece un gran potencial en la producción acuícola para la región.

La iniciativa se desarrolla en el marco de un Servicio Tecnológico de Alto Nivel (STAN) solicitado por la empresa Newsan Food, que desde hace quince años se dedica a la producción pesquera en la provincia de Tierra del Fuego y en los últimos cinco años comenzó con la industria acuícola orientada al abastecimiento del mercado interno en un proyecto de desarrollo sustentable.

“Los mejillones son organismos marinos sensibles que requieren condiciones ambientales óptimas para crecer y prosperar. 

Por lo tanto, comprender y evaluar el entorno en el que se planea realizar su cultivo es fundamental para el éxito a largo plazo de la actividad productiva”, señala Schloss. 

Sistema de bateas, boyas y longlines (cuerdas), característicos en la mitilicultura. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).

El estudio se realiza a través de la medición y análisis de variables ambientales y biológicas clave, como la temperatura del agua, salinidad, concentración de oxígeno, de amonio, de clorofila y presencia y caracterización del fitoplancton, que constituye el alimento de los mejillones, con énfasis en la presencia de especies productoras de toxinas (marea roja) para determinar condiciones que puedan ser favorables para el cultivo de estos organismos.

Al respecto, Schloss considera que “estudiar el ambiente marino del canal Beagle es importante por muchas razones, pero además es bueno ver que esos estudios puedan tener un impacto real en las actividades productivas de la región más austral del continente”. 

La bióloga destaca las capacidades técnicas y científicas para generar información útil tanto para el sector público como para las empresas: 

“Cuando se trabaja en conjunto, todos ganamos, se toman mejores decisiones y la ciencia vuelve a la sociedad de manera concreta”, señala.

Becarias integrantes del equipo que realiza el estudio en cercanías de Almanza, colectan las muestras de agua del canal Beagle para su posterior análisis en laboratorio. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).

Como plataforma de navegación se utiliza el Buque de Investigación Científica (BIC) Shenu, una de las embarcaciones que integra la flota del CONICET que, con una periodicidad mensual, releva el hábitat marino en cinco estaciones costeras en un sector del canal Beagle comprendido entre Puerto Almanza hasta el este de la isla Gable, frente a la localidad de Puerto Williams (Chile). 

El proyecto está diseñado en un plazo total de doce campañas, que culminarán en el mes de octubre.

El Shenu está provisto de todo el instrumental que se requiere técnicamente: un instrumento de registro multiparamétrico, preprogramable y autónomo (CTD, sensor PAR, sensor de clorofila) e infraestructura para el almacenamiento de las diferentes muestras de agua tomadas con botellas Niskin entre los 5 y 8 metros de profundidad. 

Una parte de las muestras son fijadas (preprocesadas) en la propia embarcación, y luego todas son analizadas mediante diferentes procesos en los laboratorios de CADIC.

Por su parte, Fabio Delamata, gerente de Newsan Food, destaca que “el objetivo de la empresa es realizar un estudio del ambiente marino para consolidar la creación de un polo de desarrollo acuícola, con base sostenible, cuidado del medio ambiente y proyección industrial. 

Trabajar junto al CONICET es ir acompañando trabajo con datos e información, para así llegar a un resultado sólido, certero y a largo plazo”.

Las muestras de agua se toman con botellas Niskin que la capturan a profundidades programables. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).

Los resultados proyectan oportunidades económicas para la comunidad local mediante la generación de empleo, fortaleciendo la conciencia ambiental, como una alternativa para la diversificación de la matriz productiva y promoviendo la sostenibilidad del desarrollo mitícola en Almanza.

Por Facundo Sota – Comunicación CADIC

CONICET

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miércoles, 28 de mayo de 2025

Peces nativos para controlar mosquitos en ambientes urbanos

 

Utilizan peces nativos para controlar mosquitos en ambientes urbanos

Un equipo de investigación del INTA y el CONICET impulsa una estrategia innovadora para el control biológico de mosquitos a partir del uso de la chanchita (Australoheros facetus), un pez nativo de la Cuenca del Plata que consume grandes cantidades de larvas y pupas. 

Con resultados prometedores, esta alternativa busca reducir el uso de químicos y proteger los ecosistemas en zonas urbanas y periurbanas.

Con el objetivo de reducir la presencia de mosquitos y los riesgos asociados a enfermedades como dengueZika y chikungña, especialistas del INTA y del CONICET desarrollan una estrategia innovadora de control biológico basada en el uso de peces nativos. 

Entre ellos, se destaca la chanchita (Australoheros facetus), un pez omnívoro que habita lagunas, estanques y arroyos de aguas calmas.

“Un ejemplar adulto puede consumir más de 500 larvas de mosquito por día”, destacó Ariel Belavi, referente nacional en acuicultura del INTA. 

“La chanchita es resistente, fácil de reproducir, se adapta bien a distintos ambientes y actúa como un eficaz enemigo natural de los mosquitos en su fase acuática.”

La experiencia forma parte de una línea de trabajo que lleva adelante el INTA Ángel Gallardo, en Santa Fe, junto con investigadores del CONICET

El proyecto combina producción acuícola con manejo ambiental y salud pública, y busca ofrecer una alternativa de bajo impacto ambiental frente al uso de insecticidas químicos.

“Desde el INTA evaluamos distintos aspectos productivos de la especie: tasas de crecimiento, resistencia a condiciones adversas, reproducción en cautiverio y capacidad de consumo de larvas”, explicó Belavi. 

“Esto nos permitió escalar su cultivo y comenzar a distribuir ejemplares en cuerpos de agua urbanos”.

Durante 2024, se sembraron más de 3.500 chanchitas en 26 ambientes acuáticos de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. 

La iniciativa alcanzó barrios de la ciudad de Santa Fe, espacios públicos gestionados por el municipio y localidades como Marcos Juárez y Vila.

El especialista explicó que el pez actúa principalmente en reservorios, estanques y lagunas de poca profundidad, donde nada activamente en busca de alimento entre la vegetación. 

“Su dieta omnívora y su comportamiento activo lo convierten en un aliado estratégico para reducir las poblaciones de mosquitos, en especial de los géneros Aedes, Culex y Anopheles, todos ellos con potencial vector de enfermedades”, puntualizó.

“El interés que despertó esta iniciativa en municipios y comunas demuestra que hay una fuerte demanda de herramientas sustentables y basadas en ciencia pública”, sostuvo Belavi.

Esta línea de trabajo se suma a otras investigaciones del INTA en control biológico, entre ellas las que evalúan el uso de camarones de agua dulce como Macrobrachium borellieleli y Palaemon argentinus, también enemigos naturales de larvas y pupas.

INTA

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jueves, 1 de mayo de 2025

Antioxidantes a partir del descarte de la producción piscícola

  

Generan antioxidantes a partir del descarte de la producción piscícola

Un equipo de investigación del INTA estudia la generación de antioxidantes naturales a partir un subproducto de la industria piscícola. 

Esta innovación permite valorizar los descartes y generar ingredientes funcionales con potencial aplicación en alimentos, nutracéuticos y suplementos, en reemplazo de los antioxidantes sintéticos.

En la industria piscícola, solo el 40 % del pescado se destina al consumo humano, mientras que el 60 % restante —principalmente cabezas, piel, escamas y vísceras— se considera un subproducto de bajo valor. 

Sin embargo, estos residuos contienen proteínas de alto valor biológico que pueden transformarse en compuestos antioxidantes mediante procesos enzimáticos.

Fernanda Martínez, investigadora del Instituto de Tecnología de Alimentos del Centro de Investigaciones de Agroindustria del INTA Castelar, explicó: 

“Nuestro objetivo es obtener compuestos con capacidad antioxidante a partir de cabezas de tilapia azul (Oreochromis aureus) mediante la aplicación de un proceso simple como es la hidrólisis enzimática”. 

Y agregó: “Actualmente, estamos optimizando las condiciones del proceso para maximizar la capacidad antioxidante de los hidrolizados obtenidos”.

De acuerdo con la investigadora, los antioxidantes naturales tienen un gran potencial para la industria alimentaria, ya que permiten extender la vida útil de los productos sin recurrir a aditivos sintéticos, algunos de los cuales están prohibidos en diversos países debido a sus efectos en la salud. 

Además, estos compuestos pueden aplicarse en alimentos funcionales, suplementos nutricionales e incluso en alimentos balanceados para animales.

Los ejemplares de tilapia utilizados en la investigación fueron suministrados por el Centro de Acuicultura Ángel Gallardo del INTA, que trabaja en el desarrollo de sistemas de producción intensivos y acuapónicos. Ariel Belavi, coordinador del centro, destacó: 

“La tilapia es la segunda especie más cultivada del mundo, con una producción de 7,4 millones de toneladas anuales. 

Su versatilidad y valor nutricional la convierten en una especie clave para la investigación en agregado de valor y producción sostenible”.

Para concluir, Vanina Ambrosi, investigadora del ITA, quien trabaja junto con Martínez y Szerman, afirmó: 

“La valorización de los subproductos de la producción acuícola es un paso clave para el desarrollo de la actividad acuícola y pesquera de nuestro país”.

INTA

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